Reflexiones para ti. Traición.
Reflexiones para ti.
Traición
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Regreso a casa. La jornada laboral ha sido dura. Se sabía y por ello la sensación de fracaso es mayor. No se han puesto los mecanismos necesarios para evitar un día complicado. El dominio de la situación es mejorable, reflexiono a manos del volante. Se avecinan semanas difíciles.
El semáforo reclama mi atención, ese intenso color rojizo hace que me detenga sin pensar en hacerlo. Mis ojos se clavan en la ventanilla izquierda. Observo que la vida transcurre como siempre. Ya pueden ser los días como sean, la vida tomará siempre el sendero que le dé la gana, pienso.
Una vez en casa me percato que el marco digital está encendido y va mostrando fotos. Me gusta verlas. Es la única manera que tengo de conectar con el pasado de una manera tan real como eficaz.
Ésta es bonita, hacía tiempo que no la veía. Son más de tres mil las que contiene ese artilugio electrónico. Este era yo de pequeño, en un antiguo merendero, aún existe en la actualidad. Recuerdo que aquella mañana no fue agradable. Ante mí se presentaba una imponente telaraña, escondida, su dueña a la espera de una nueva presa. Una avispa se detuvo ante ella, desafiante, intentó retar a su suerte. Yo observaba con atención deseoso que se alejara pues veía como la araña, inmóvil, esperaba que la osada avispa quedara atrapada en su tela. Mis ojos se abrían con tensión y lentitud mirando de derecha a izquierda, de la araña a la avispa, de la avispa a la araña, mi lengua humedecía mis resecos labios al compás de mi mirada. Se levantó un viento brusco provocando que perdiera mi posición unos centímetros, la avispa perdió su viril vuelo precipitándose contra la telaraña. El arácnido corrió hacia ella, podía ver sus afilados colmillos, el veneno salía de su boca, y esos ojos cada vez más grandes...la avispa intentaba con desespero liberarse de esa tela que la iba atrapando cada vez más, cualquier intento de salir de allí era estéril. Aún, ahora, escucho ese grito de socorro de la avispa, aún, ahora, sigue zumbándome en la cabeza.
No, no, no podía permitir esa atrocidad. Decidí actuar. Me apoderé de una rama y con un gesto rápido corté la tela en dos liberando así a la avispa de una muerte segura. Qué alivio, me sentí un gran libertador. La araña mantuvo el equilibrio en lo que quedaba de su tela. Yo la observaba atentamente, preparando mi defensa por si era atacado ya que había perturbado su comida, se fue. Seguramente, lo hizo con el pensamiento que lo humanos siempre estamos cambiando el curso normal de la naturaleza. Somos así de prepotentes, pensé.
En este instante noté un pinchazo doloroso en mi espalda, como un alfiler que se te clava en el dedo, como la aguja que penetra en tu vena para hacerte una analítica, como un cuchillo afilado que se adentra en tu ser...la avispa me picó, su aguijón quedó incrustado provocándome un fuerte dolor, su veneno penetró. El insecto que había salvado de la muerte, me traicionó. No entendía nada, la había ayudado y ella me atacó. La araña mirando la escena, alzó la cabeza, se giró y dándome la espalda marchó con un caminar elegante, con unos pasos señoriales, sabedora que la sabia naturaleza había puesto orden en aquella situación.
Esa fue una gran enseñanza para mí. Fue mi primera traición, no por ella la última, no por ella la más dolorosa.
Al paso de los años, el dolor de la picadura la he vuelto a sentir en algunas ocasiones. El afilado aguijón que algunas personas poseen lleno de veneno nada tienen que envidiar al de la avispa. La traición es algo que nos acompañará durante toda nuestra existencia siendo su veneno más tóxico que el de cualquier insecto. El dolor físico causado por la picadura es breve, pero el psíquico permanece intacto en nuestro cerebro durante mucho tiempo.
Ayudamos, tanto por nuestro sentido de la compasión, como por la obligación moral de intentar asistir a la persona necesitada. Pero, ni la compasión ni el hecho de amparar a los demás son duraderos. Perece en tanto en cuanto vamos siendo traicionados. Esto no nos hace duros, no, nos hace sabios.
Cuando has roto algunas telas de araña y ayudado a la persona equivocada atrapada dentro de ella, aprendes que no todas deben romperse sino que en algunas se debe respetar el orden establecido por la naturaleza. Saber que telas se deben partir nos librará de ser traicionad@s.
Existen avispas reencarnadas en personas, no lo olvides, personas que clavan su afilado aguijón tras ser ayudadas. Este es el pago que a veces se recibe a cambio.
No obstante, siempre he pensado que tras una traición no deben existir lamentaciones pues lo realizado fue correcto aunque el resultado no fuese el esperado. Al final, las personas vivimos con nuestra conciencia y si esta está limpia el sufrimiento desaparece.
¡Sed felices!
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