SERIE GENERACIÓN INCREÍBLE
Capítulo 24
Marta Macedonia, poseída por el embrujo del sexo opuesto, levitaba sobre el suelo del patio de la abadía de Palamós en la última, fría, húmeda y oscura noche del año, tan solo iluminada por la luna que ejercía una lucha atroz contra su hermana la densa niebla, a modo de hacerse un hueco en este acontecimiento, pretendiendo tomar para ella un protagonismo que nadie le había otorgado.
La lluvia se presentó sin avisar junto a un ruidoso trueno para susto de l@s presentes. A continuación, un deslumbrante rayo acabó descansando en el imponente portón de madera negra que indicaba la entrada principal de los aposentos del padre Ángel (árbitro en activo y miembro de GI🏀). Su destello hizo entrever una figura lánguida, seca y pálida debido a la oscuridad en la que a diario se mantenía la abadía. El chirriar de las oxidadas bisagras al cerrar el portón anunciaba su presencia. Descendiendo por unos húmedos escalones recubiertos de musgo, preguntó a los presentes:
¿Quién se otorga el derecho
de extraer a la noche su condición de silenciosa?
¿Quién se atreve a perturbar el momento en que las hadas, los duendecillos y demás criaturas engendradas por nuestro Señor se adueñan del mundo?
¿Quién osa con sus gritos devolverme a la realidad de la vida
cuando estaba sumergido en esa paz que únicamente
consigue un placentero sueño?
Hablad, en vuestra defensa o seréis castigad@s.
¡Coño, de qué manicomio se ha escapado este tío!
exclamó Dos Santos, conocido por su ateísmo más ateo.
¡Tú, infiel, arrodíllate ante la cruz!
le ordenó el padre Ángel mostrándole el crucifijo.
Este tío está zumbado jajaj😂
Me voy antes que le haga tragar a su Señor.
Padre, he sido yo quien ha requerido su presencia,
dijo la madre superiora.
Madre, pero ¿quiénes son tod@s est@s?
Entiendo que fieles...
Padre Ángel, le sugiero dirija su mirada hacia el patio.
El padre Ángel giró la cabeza y observó como nuestra Marta Macedonia levitaba en él.
Brujería y de la buena.
Intuyo que esta mujer ha pecado golfeando
bajo el conjuro del sexo opuesto.
Alejaos, ordenó.
Lentamente, introdujo su mano debajo de la sotana y extrajo un frasquito de agua bendita con la que roció a Marta Macedonia mientras pronunciaba un anticonjuro:
Dios es tu Señor, nada te faltará si crees en él.
Embrujada, deja entrar al Señor en tu alma y vive.
Fue entonces cuando Marta Macedonia, entre movimientos epilépticos, empezó a alzarse en dirección hacia esa luna que luchaba contra su hermana niebla con el objetivo de marcar con su luz el camino que conduciría al final de la vida de nuestra Marta Macedonia.
¡Cree, embrujada, cree!
repitió el padre Ángel.
¡Creer es tu salvación!
susurró la madre superiora.
En un intento desesperado por salvarla nuestro VM se enfundó de nuevo la capa de góspel y pidió a l@s presentes que ayudarán en la plegaria del padre.
Gritad conmigo GI🏀
Señor, entra en el alma de Marta Macedonia
Y tod@s gritaron:
¡Te rogamos, Señor!
Señor, devuélvenosla.
¡Te rogamos, Señor!
Marta Macedonia es buena persona Señor,
tráela de vuelta con nosotr@s.
¡Te rogamos, señor!
Imploraron por última vez entre sollozos.
Pero, Marta Macedonia no hacía más que subir, subir y subir atraída por el magnetismo lunar. Su muerte era cuestión de minutos.
Ni el agua bendita, ni las plegarias de l@s presentes dieron resultado. Nuestra Marta Macedonia desapareció entre la oscuridad y la niebla dejando atrás la abadía y a l@s presentes. De sus ojos empezaron a salir lágrimas provocadas por el dolor que sentía al abandonar nuestro mundo, recordando su querida escuela Alegría, a su directora Viki, a la Mare y al resto de profesor@s. Lloró por saber que nunca más volvería a estar con sus amig@s de Gi🏀. Las lágrimas deslizándose por su rostro se esparcieron sobre la abadía.
Vuelve a llover,
comentó Zamora.
Cabizbaj@s y con una gran desolación emprendieron la marcha. La densa niebla le ganó la partida a la luna provocando que la oscuridad de la noche cayera sobre su camino. Prendieron fuego a las antorchas. La pesadumbre también se apoderó de nuestro VM que entonó aquella legendaria canción...
"Algo se muere en el alma
cuando una amiga se va..."
Desde la muerte de Chanquete no se había sentido un dolor así.
Una vez pasado el augusto portal de esa abadía de estilo medieval, sencilla pero bonita, austera pero señorial y cuando creían que todo estaba perdido, una fuerte voz interrumpió el silencio sepulcral que imperaba en la comitiva acaparando su atención...
¡Abrid paso, plebeyos, abrid paso a mi señor Julián!
exclamó un enérgico Eduard.
Julián apareció sobre el carro egipcio tirado por dos caballos árabes al galope, con postura real, mano derecha sujetando las riendas, la izquierda le servía como agarre del látigo, cabeza erguida y mirada desafiante sabedor que se enfrentaba a la muerte que en realidad sería vida si moría junto a su amada Marta Macedonia.
¿Dónde está mi amada?
¿Quién la retiene contra su voluntad?
¿Alguien osa alejarla de mí?
Hablad y seréis recompensados.
A lo que el padre Ángel le contestó:
Mirad al cielo caballero y veréis como la luna se apodera
de aquello que da sentido a su vida, de su amor,
de su sueño hecho realidad, en fin, de su amada.
Julián alzó la mirada y pudo comprobar como su enamorada estaba presa por la luna. La locura apoderose de él.
Pudo observar algo que nadie era capaz de ver, unos gigantescos brazos saliendo del astro la sujetaban. No dudó en utilizar el látigo contra estos a modo de conseguir liberarla.
¡Por Dios juro que daré honor a mi nombre!
Don Julián de San Sebastián.
Latigazo tras latigazo se abría paso entre la espesa niebla, hasta que se percató que la luna le era inalcanzable: necesitaba volar.
¡Oh desdichada mi vida! Se lamentaba.
Señor, dame alas pues mi firme voluntad de luchar contra la luna
no es suficiente para alcanzarla con el látigo.
¿Quién podría ayudarme en este cometido?
Al instante, la perola de la Bruja de Asturias empezó a hervir. Tras el denso humo medio cuerpo de la misma apareció:
Caballero
don Julián de San Sebastián,
si a vuestra amada deseáis rescatar yo os ayudaré,
pero estaréis en deuda conmigo.
Nuestro caballero don Julián de San Sebastián dirigió su atención hacia aquella perola a la que, inmerso en su locura, no veía una Bruja sino un hada de Asturias.
Hada, bella, hacedme llegar a la luna y seréis recompensada.
Que no es un hada, mi señor,
tened cuidado que es una bruja,
vuestra demencia no es deja ver la realidad.
le aclaró su fiel escudero Eduard.
La bruja de Asturias elaboró su conjuro en forma de pócima:
Bebed don Julián de San Sebastián, bebed y volad.
La perplejidad alcanzó a tod@s los presentes sin ser conocedores de lo que les quedaba por contemplar. Ni más ni menos que a don Julián de San Sebastián dos bultos le empezaron a crecer en la espalda.
Como si de la metamorfosis de las mariposas se tratase, se abrieron y surgieron unas maravillosas alas de plumaje negro.
Por fin nuestro Caballero pudo volar y flagelando a la luna acabó por arrebatarle el cuerpo de su amada.
Aterrizando en el patio la dejó en brazos del padre Ángel que acercándola al altar y depositándola delante de la Virgen María le imploró que la devolviese a la vida.
¡Noooooo!
se oyó de repente,
el conjuro del sexo opuesto
solo puede ser destruido por aquél que la rechazó,
dijo la bruja de Asturias.
En el acto tod@s se giraron hacia un tembloroso Toni.
Tú, morenito, acércate a Marta Macedonia.
Si, si, tú...le indicó la bruja de Asturias.
¿Yo? preguntó titubeando Toni.
Si, tú.
¿Yo?
Si ¡tú!
¿Yo?
Si ¡tú! gritaron tod@s l@s presentes.
Bien, bien, entendido...
Abraza a Marta, mírala fijamente y bésale la frente.
Toni, dubitativo, obedeció. Al aproximarse no pudo dejar de pensar en lo hermosa que era esa mujer. El roce de sus labios ardientes con la piel llenaron de calor el cuerpo congelado de Marta. La sangre empezó a correr por las venas, el corazón inició su pálpito y Marta suspiró.
El padre Ángel gritó:
¡Vive!
Milagro divino.
Recluida debe permanecer hasta que sane del todo,
ordenó.
En ese momento, las alas de don Julián de San Sebastián y el carro egipcio con los dos caballos árabes se fusionaron con la niebla desvaneciéndose en la oscuridad.
Toni se encaró a tod@s l@s compañeros de GI🏀 y alzando los brazos anunció vigorosamente:
Cleopatra de Palamós ha muerto,
Marta Macedonia ha renacido.
Nuestro Toni, el juerguista del grupo, el que parecía que únicamente servía para organizar fiestas, el que incitaba a los demás a perderse en el peligroso mundo de la algarabía se proclamó como el salvador de nuestra Marta Macedonia rechazando sus encantos y devolviéndole la vida con un beso sentido y no sexual.
Carvajal y Berasaluce lo izaron entre hombros para que saliese de la abadía por su portal como si de un torero se tratase abandonando el ruedo después de una brillante faena.
¡Eres un grande,
bien hecho Toni!
Te queremos...
Fueron halagos que la comitiva iba diciendo, unas palabras que no dejaban de ser un regalo para sus oídos.
Bajadlo y mostradlo ante mí, mandó Quesada. Mi capa por favor.
Montse y Marín le acercaron y pusieron la capa real de color naranja, el que representa a nuestro grupo.
Arrodíllate Toni.
Quesada con un buen chorizo ibérico en la mano deslizándolo de izquierda y derecha de su espalda expuso las siguientes palabras:
Por esta hazaña,
por tu valor,
por la estima que te tenemos
y por el poder que me otorga GI🏀
a partir de ahora serás conocido como
Toni, el salvador de Castellar
(población cercana a Barcelona)
Vigorosos aplausos dieron paso a los obligados tres hurras:
Toni, el salvador de Castellar,
Ip, ip, hurra.
Ip, ip, hurra.
Ip, ip, hurra.
La comitiva inició, como no podía ser de otra manera, el descenso hacia el bar Plonchón, tanto para acabar de celebra el fin de año, como para hacer terapia. Aquello vivido en esa última noche del año dos mil veintidós no podía ser real.
Amig@ lector/a,
Antes de finalizar este capítulo desearía trasladaros al futuro, al año dos mil doscientos veintidós donde un grupo de estudiantes analizaban los monumentos medievales de Palamós. Aproximándose a la abadía el profesor les explicó:
Cuenta la leyenda que un bravo caballero llamado don Julián de San Sebastián, ayudado por una bruja que le concedió unas alas para poder volar, le arrebató de los brazos de la luna a su amada Marta que tenía presa. En un combate atroz, con látigo en mano, esta sucumbió y su amada renació. De hecho, se comenta que cuando hay eclipses lunares es porque el caballero don Julián de San Sebastián sigue luchando contra ella.
Y aquí, prosiguió, tenéis el portal que da entrada a la abadía. Un majestuoso arco que debe su nombre al caballero
Don Julián de San Sebastián.
Gracias por leerme
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