Reflexiones para ti. La piedra, un corazón sin dolor.

 Reflexiones para ti.

La piedra,

un corazón sin dolor.

Nueva caminata por el bosque, ese camino ya empieza a ser una fuente de inspiración para mí. A cada paso nace una célula en mi interior, debe ser la que te dota de pensamiento.

Oscurece, los atardeceres en otoño son majestuosos...en este caso el cielo se tiñe de un manto rojizo espectacular, rojo vino, de mora o del corazón ensangrentado al sentirse dolorido que, junto a la célula del pensamiento, me provocan reflexionar de una manera extrema y dolorosa...de esto os voy a hablar en esta ocasión.

El dolor que produce el corazón es un sentimiento duro, pero inferior al de la dureza majestuosa que presenta el diamante, esa joya codiciada y apreciada por muchos, más bien, se asemeja al de una vulgar piedra, ese mineral que no retiene nuestra mirada en su primera visión del bosque, donde todo en él es bonito, su flora y su fauna, excepto ella, algo en apariencia inútil, estéril, de escasa necesidad y sin ningún tipo de belleza. Una garza intenta en vano partirla a picotazo limpio, el caudal del río consigue, a lo sumo, su traslado varios metros, no obstante, no es capaz de hacerla desaparecer. La roca sigue firme en su composición, mostrando así la intención con la que habita este mundo, que no es otra que recordarnos que es lo más resistente del planeta. Ingenua, pienso, vive engañada en una falsa realidad, esa que le otorgan tanto el agua como la garza que no consiguen deshacerla. 

Sigo caminando, el sol ya no me acompaña, sí lo hacen la oscuridad, el viento, humedad, niebla y lluvia. 

Los árboles desnudos tiritan por el frío, el camino desaparece engullido por el agua, el viejo puente de madera carcomido a punto de derrumbarse, pero la roca sigue allí mostrando su entereza desafiante. Me observa, lo presiento, también lo que me quiere decir...

 "Yo estaba aquí, sigo y seguiré ocupando mi sitio cuando tu mueras". 

Me entran ganas de romperla en mil pedazos. Se apodera de mí ese instinto primitivo que tenemos los humanos de destruir lo que no podemos poseer, aquello que viva más que nosotros...Pero, también somos racionales, lo que me hace meditar. Me acerco a ella, mirada desafiante por mi parte, a escasos centímetros le susurro....

"Vivirás más tiempo que yo, pero tengo algo que es más duro que tú, sí, lo llevo en mi interior, escondido para que nadie lo vea, algo suave, frágil, enigmático, también, lleno de amor y odio, de rabia e ira, de guerra y paz, pero sobretodo de dolor. Sé lo que te convirtió en piedra, sí, con seguridad tu tenías lo mismo que yo, proseguí, algo que palpitaba dentro de ti. Ahora lo entiendo, exclamo, esa palpitación murió y con ella también tu alma y te quedaste en lo que eres ahora, algo insensible al dolor aunque te apaleen, pisoteen, te partan en canal con una pico o te detonen con dinamita".

Continuo mi camino con la mirada fija en el suelo, ese pensamiento me ha agotado. 

Ando veloz pero desorientado, quiero llegar a casa cuanto antes, me embarga un sentimiento de soledad, también de inseguridad, se nubla mi visión, tropiezo y caigo, como y escupo a la vez barro, me golpeo, sangro, voy al suelo, siendo precisamente una roca la que parte mi cuerpo en dos.

Pálido me consumo en mi sufrimiento, lloro sin lágrimas, no tengo fuerzas para fabricarlas. Alzo la cabeza y la veo allí otra vez, le grito, un chillido desgarrador, golpeando mi pecho con el puño cerrado...

"es mi corazón lo que tengo más duro que tú, pero, maldita sea, no de fortaleza, sino de dolor, ese que he ido acumulando al paso de mi vida, el que me ha hecho insensible a los demás, el que te hizo a ti perder tu alma y te convirtió en lo que eres, una piedra, una vulgar roca insensible a cualquier ataque, incluso al paso del tiempo". 

Cerrando los ojos, en medio del bosque, perdí mi alma. La vi alejarse y posarse en las ramas de los árboles,

y lo entendí, comprendí que no eran ellos los que tiritaban por el frío, sino que eran las almas de las personas que en vida sufrieron más que disfrutaron y acabaron viviendo una eternidad perpetua. Fue cuando una majestuosa roca llamó mi atención con una voz que emulaba el aullido de un lobo solitario: "ven"...

"ven, siéntate a mi lado, yo te enseñaré a liberarte de tu dolor, el que provoca la incomprensión, el amor, la soledad y el deseo no conseguido. El dolor del que se siente despreciado, engañado y repudiado. Ese incurable con medicamentos, el que no te abandona y desea dominarte hasta conseguirlo. 

Yo era como tú, una persona adulta con la experiencia necesaria para pensar que este no iba conmigo hasta que empecé a perder seres queridos, hasta que puse a mi alma en apuros con infortunadas decisiones tomadas dentro de un estado emocional lamentable. Acércate y escucha, tenía toda la vida por delante, la juventud me hizo creer que el sufrir era imaginario, no me alertó de la insensatez, esa que te hace cometer errores imperdonables, la que provoca que vayas creciendo a base de traiciones. Todas estas causas golpearon mi vida, sin duda fueron el motivo de mi sufrimiento hasta tal punto que mi corazón se endureció, pasó de ser suave, frágil, enigmático a convertirse en un manantial de agua que con el frío se congeló para dejar de latir convirtiéndome en lo que soy, una roca alejada de la atención de las personas. Estas me condenaron a la soledad y la invisibilidad. 

Has venido aquí por un propósito, prosiguió, la vida así lo ha querido. Tu corazón ahora ha dejado de palpitar, se fue tu sufrimiento para dar paso a tu sosiego eterno. Conseguirás pasar desapercibido a la gente, también al dolor". 

Noté que el agua del río me golpeaba sin poder deshacerme... 

la garza a picotazo limpio no conseguía romperme, mi alma se posó en la copa de los árboles para tiritar cuando soplase el viento y secarse al lucir el sol y mi corazón, insensible ya al dolor, quedó convertido en una piedra algo en apariencia inútil, estéril, de escasa necesidad y sin ningún tipo de belleza.

El dolor endurece nuestros corazones obstruyendo sus conductos convirtiendo la sangre que transportan en arena a causa de cada palo que recibimos, siendo de esta manera como grano a grano nos transformamos en una roca, sin capacidad para sentir, otorgándonos una gratuita eternidad que no hemos pedido.

El bosque está lleno de rocas, ese mineral que no retiene nuestra mirada en su primera visión del bosque, insensibles, a semejanza de lo que existe en nuestro alrededor y, por qué no, quizás también en nuestro interior.  


SED FELICES

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Agradecido por leerme quedo.

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