Te explico lo que me ocurre. Lágrimas secas por un hermano.
Te explico lo que me ocurre.
Lágrimas secas por un hermano
Café en mano, noche veraniega para un mes de mayo, oscura pero a la vez iluminada por la luna, esa llena que te deja sin habla al contemplarla por su majestuosidad. Una lágrima se desliza por mi rostro...la soledad no se vence nunca, reflexiono, se aprende a vivir con ella o te mata. Mirada puesta en el horizonte, logro reconocer las constelaciones. Ella me observa, lo sé, quiere susurrarme algo, asomo la cabeza por la ventana, una ráfaga de aire la golpea, sigo su rastro con la mirada fija, se dirige hacia la luna, veo el camino plateado que va dejando tras su recorrido, se aprecia bien entre tanta oscuridad, estoy obligado a recorrerlo.
Machete en mano, no me fío de lo que en él encontraré, me abro camino, con mi tambor de la banda juvenil años ha, a ritmo legionario, adelanto un buen trecho donde diviso una silla y mi guitarra española...¿qué hará allí?, me pregunto perplejo. Sin duda, una invitación de las estrellas para que la haga sonar, concluyo. La tomo con los dedos firmes pero con sensibilidad, un acorde tras otro, empiezo a tocar y cantar aquella canción de mi propia cosecha dedicada a mi padre "Señor Manolo..." aplausos cariñosos, la familia me ovaciona desde el infinito. La luna me envía un cometa que indica mi camino a seguir, similar a la estrella que condujo a los Reyes Magos al nacimiento del niño...algo en lo que siempre he creído, esa es mi fe.
Vuelvo a la realidad sumergido en mis pensamientos, café en mano. La tristeza esta noche se apodera de mi estado anímico azotándome fuerte en el alma. He elegido el camino de la soledad, no hay tiempo para arrepentimientos. Lleno de ira, el vaso cae, lo frena el suelo del comedor. Qué me dejen marchar inmerso con mis pensamientos, exclamo. Irme en soledad, como estos últimos meses vividos, pensó. Por otra parte, una soledad que me ha servido para fortalecerme todos estos años.
¡Qué cojones!, con un viva el Rey, España y las COE, cogió impulso, saltó por la ventana y volvió a caminar por ese camino trazado por la luna, con la obsesión de llegar hasta el final. Es el camino de la paz y el sosiego, de la calma y...la nada, una nada que paradójicamente se convertirá en su todo. Y llegó su última reflexión:
Quizás, no he tenido habilidad para tomar las decisiones que me hubiesen conducido a tener una vida distinta, pero, las he elegido con conocimiento de causa. Sí, las almas libres decidimos nuestro camino, el destino es propiedad de la vida, pero el recorrido es nuestro y lo he marcado yo, a trote militar, al ritmo de mi tambor en la banda de música juvenil, al compás de mi guitarra española, con mi ronca voz cantada que utilizaba como modo de expresión de aquello que me perturbaba, también que me hacía feliz...esas cuerdas sacaron siempre lo mejor de mí.
Así imaginó partir en su atípica mente, la realidad fue otra bien distinta, tras el café esparcido por el suelo del comedor se derrumbó al mismo, entre el sofá y debajo del cuadro de su idolatrado y querido Camarón, quedó estirado, inmóvil, vacío de pensamientos, alejado de su guitarra, su voz se silenció...durante días estuvo muerto como él quería en soledad hasta nuestra llegada.
Nunca sabremos su último pensamiento, hacia quién fue dirigida su última mirada, si sintió frío o calor, alegría o pena, dolor o paz...ni siquiera sabremos si se fue enfadado con el mundo o le embargó ese sentimiento de libertad que te otorga el saber que no debes nada a nadie, ni a ti mismo tampoco.
Esa libertad es el último regalo que nos hace la vida para que esa mochila que llevamos colgada a la espalda, suma de todas aquellas experiencias traumáticas vividas, se deslice por la misma y se quede llena de piedras en el lugar donde fallecemos. Si no fuese así, no podríamos volar junto a esos ángeles que nos conducen al más allá, como los que, sin duda, acompañaron a nuestro hermano para el reencuentro con mi madre, padre y hermano...junto al resto de la familia.
Tan solo quisiera creer que en su último aliento, su propia compañía le serviría para sentirse acompañado al dejar este mundo, o quizás nuestros padres le fueron a buscar, o nuestro hermano...no lo sé, el dolor no me deja pensar con claridad.
Lo que sí sé con certeza es que cada doce de mayo abriré la ventana de mi comedor, café en mano, fijaré mi mirada en el cielo estrellado y suspiraré dirigiendo mi aliento hacia la luna, emulando tu último viaje Juan entre las estrellas, para que esta vez sí te sientas acompañado, para que yo pueda sentir tu presencia por última vez.
Un beso...







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